Artículos de esta serie:
Temas relacionados:
UN MÉDICO francés publicó en 1786 un libro titulado Traité d’anatomie et de physiologie (Tratado de Anatomía y Fisiología), que está considerado como la obra sobre neuroanatomía más exacta de su época. De hecho, hace poco se vendió por más de 27.000 dólares uno de los raros ejemplares que aún quedan. No obstante, está claro que en la actualidad pocos pacientes se pondrían en manos de un cirujano que se rigiera por una obra médica tan antigua. El libro en sí puede tener hoy día un gran valor histórico y literario, pero no por ello resulta provechoso para los enfermos.
Pues bien, muchas personas opinan algo parecido sobre el “Antiguo Testamento”: valoran su relato de la historia de Israel y admiran su belleza poética, pero no les parece razonable seguir la guía de un libro que tiene más de dos mil cuatrocientos años de antigüedad. Y es que el conocimiento científico, el comercio e incluso la vida de familia han cambiado mucho desde que se escribió la Biblia. En su libro La Biblia que leyó Jesús, Philip Yancey
Menos de cincuenta años después de la muerte del apóstol Juan
¿Se ha quedado anticuado el “Antiguo Testamento”? ¿Cómo puede armonizarse el “Jehová de los ejércitos” del “Antiguo Testamento” con “el Dios de amor y de paz” del “Nuevo Testamento”? (Isaías 13:13; 2 Corintios 13:11.) ¿Puede beneficiarnos hoy día el “Antiguo Testamento”?
Publicado en La Atalaya del 1 de septiembre de 2007 |