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Qué hacer:
Qué decir:
Estas palabras sencillas significan mucho y pueden preparar el camino para ofrecer más consuelo.
Durante las primeras semanas o incluso meses, se suele tener ganas de llorar. Asegúrele a su amiga o pariente que no va a dejar de quererla porque demuestre sus sentimientos.
Es posible que al principio ella reciba muchas condolencias. Sin embargo, con el tiempo, las atenciones disminuyen aunque el dolor continúa. Puesto que pudiera pensar que se la ha olvidado, es bueno que sepa que usted todavía la apoya. Tenga en cuenta que, a veces, la pena dura semanas o meses, e incluso puede aflorar después de tener otro hijo.
Es mejor admitirlo que callarse. Su franqueza y su presencia revelan interés sincero. Qué no decir:
Aunque eso sea verdad, tal vez se entienda como una falta de empatía. Los padres no querían un hijo, querían ese hijo. Antes de pensar en otro, es muy probable que necesiten llorar su pérdida.
Si bien es posible que fuera así, no es un gran consuelo, pues para la madre, su hijo siempre estuvo sano.
La mayoría de las mujeres embarazadas establecen enseguida un vínculo con el hijo que llevan en la matriz, de modo que su muerte suele causarles un profundo dolor. Por otro lado, el que nadie “conociese” a la criatura como la madre intensifica dicho sufrimiento.
Para los apenados padres, esto equivaldría a decirle a alguien que ha perdido un brazo que aún le queda otro. Desde luego, no debemos olvidar que de vez en cuando hasta las personas más cariñosas y sinceras dicen algo inoportuno (Santiago 3:2). Por lo tanto, las mujeres sabias que han sufrido un aborto demuestran amor cristiano al no guardar rencor a quienes, con buenas intenciones, hacen un comentario desafortunado (Colosenses 3:13).
* Basadas en A Guide to Coping With Miscarriage (Consejos para afrontar el aborto espontáneo), editado por el Miscarriage Support Group, de Wellington (Nueva Zelanda). |
| Publicado en ¡Despertad! del 22 de marzo de 2002 |
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