¿CUÁNDA TERMINARÁ |
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GEORGIA ES UNA TIERRA repleta de bellezas naturales, desde la templada costa del mar Negro hasta las heladas montañas del Cáucaso. Los espesos bosques, los rápidos torrentes y los fértiles valles adornan esta región montañosa en la que se unen Europa y Asia. La capital, Tbilisi, es una bulliciosa ciudad en la que se mezclan los edificios modernos con los monumentos arquitectónicos antiguos. Con todo, el mayor atractivo de Georgia es su gente, conocida por sus fuertes vínculos familiares y su cordial hospitalidad. A lo largo de la historia, los habitantes de este país han sufrido opresión debido a las invasiones de los romanos, persas, bizantinos, árabes, turcos, mongoles y rusos, entre otros. Según cierto cálculo, Tbilisi ha sido destruida veintinueve veces.* Aun así, los georgianos no solo han mantenido su amor a la vida, las artes, la música y la danza, sino también la reputación de ser una sociedad tolerante.
Lamentablemente, ya no se puede decir lo mismo de todos los georgianos. Durante los pasados dos años, un reducido grupo de ellos ha arruinado la reputación del país agrediendo a cientos de compatriotas. Armadas con barras de hierro y garrotes con clavos, turbas enfurecidas han golpeado a seres inocentes Las denuncias se convierten en agresiones
Si bien se garantiza la libertad de cultos en esta república, las publicaciones de los testigos de Jehová han sido confiscadas en muchas ocasiones. En abril de 1999, los funcionarios de aduanas anunciaron que solo podrían retirarlas con la autorización del patriarca, cabeza de la Iglesia Ortodoxa Georgiana.# Al mes siguiente volvió a mencionarse la Iglesia Ortodoxa, en esta ocasión, en el Tribunal de Distrito de Isani-Samgori, donde Guram Sharadze, diputado parlamentario y líder del movimiento político “¡Georgia Ante Todo!”, entabló una demanda judicial con objeto de disolver las entidades jurídicas que utilizan los testigos de Jehová, y los calificó de antinacionales y peligrosos. ¿Quién respaldó su querella? Acompañaba el escrito una carta del secretario del patriarca-católicos de toda Georgia. El 20 de mayo de 1999, Georgia adoptó el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, obligándose, por tanto, a respetar su contenido. El artículo 10 del Convenio reza así: “Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o de comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber injerencia de autoridades públicas y sin consideración de fronteras”. ¿Impidió este derecho que los opositores de los Testigos siguieran intentando proscribir las publicaciones religiosas? ¡De ninguna manera! El 21 de junio de 1999, la oficina del patriarca de toda Georgia insistió, en una carta dirigida al jefe de la revisión aduanera, que “debía prohibirse la distribución de publicaciones religiosas extranjeras”. Además, Giorgi Andriadze, portavoz oficial de la Iglesia Ortodoxa Georgiana, tildó de peligrosos a los testigos de Jehová y dijo que debía proscribírseles. Tales denuncias no cayeron en oídos sordos. Los fanáticos religiosos que en el pasado habían quemado publicaciones de los Testigos estaban seguros de que ahora podían atacarlos con total impunidad. El domingo 17 de octubre de 1999 lanzaron otro ataque. La actuación de las turbas queda impune
Aquel domingo, unos ciento veinte testigos de Jehová de Tbilisi Este vergonzoso atentado, que apareció en televisión, impelió al presidente Eduard Shevardnadze a manifestar su opinión. Al día siguiente dijo: “Condeno este acto y creo que los organismos encargados del cumplimiento de la ley deben iniciar un proceso criminal”. Ya que las filmaciones identificaban al cabecilla de la turba y a los demás agresores, era muy sencillo declararlos culpables; sin embargo, dos años después, ninguno de ellos ha sido condenado. |
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Envalentonados por la impunidad
No es extraño que la pasividad de las autoridades ¿Qué hacen las fuerzas del orden? Las noticias y las filmaciones revelan que la policía no solo permitió los ataques contra los testigos de Jehová, sino que participó en ellos. Por ejemplo, el 8 de septiembre de 2000, en la ciudad de Zugdidi, varios agentes armados con porras disolvieron una pacífica asamblea de 700 testigos de Jehová. Quienes presenciaron los hechos contaron que los policías, enmascarados, golpearon a más de cincuenta Testigos “dejando a su paso un rastro de destrucción”. “Fue desgarrador”, dijo el dueño del local al recordar la mirada de terror de los niños cuando se dispararon al aire proyectiles antitanques de fogueo. Pese a que los agentes irrumpieron en el lugar y lo incendiaron, no se ha emprendido ninguna acción judicial contra ellos hasta el día de hoy. En vista de que este infame incidente no es un caso aislado (véase el recuadro “Participación policial”), el 7 de mayo de 2001, el Comité contra la Tortura, de las Naciones Unidas, expresó con toda razón su preocupación por “las repetidas torturas y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes que las fuerzas del orden público han infligido en Georgia; así como el reiterado fracaso en facilitar una rápida, imparcial y completa investigación a cada una de las numerosas imputaciones de tortura”.^ En realidad, ni una sola de las más de cuatrocientas denuncias que los testigos de Jehová han presentado a la policía ha logrado que se condene a los culpables. El Defensor del Pueblo de Georgia, elegido por el Parlamento, hizo el siguiente comentario al respecto: “Quienes, en virtud de sus funciones, están obligados a proteger los derechos humanos son los que los violan. Para ellos no son más que un pedazo de papel”. El veredicto del Tribunal Supremo crea confusión
Por si no bastaran los ataques ilegales de las turbas y la policía, el Tribunal Supremo de Georgia emitió hace poco un veredicto que creó confusión en cuanto a los derechos de los testigos de Jehová. Examinemos algunos antecedentes del caso. El político Guram Sharadze entabló una demanda judicial para disolver las entidades jurídicas de los testigos de Jehová, demanda que fue desestimada el 29 de febrero de 2000. Sin embargo, Sharadze interpuso un recurso de apelación y ganó. A su vez, los Testigos apelaron al Tribunal Supremo. El 22 de febrero de 2001, dicho Tribunal falló contra ellos argumentando meros tecnicismos legales. Alegó que la Constitución establece que las religiones deben estar registradas según el derecho público de acuerdo con una ley todavía inexistente que detalle la inscripción de las asociaciones religiosas. Concluyó que en ausencia de tal ley, no cabía posibilidad alguna de registrar a los testigos de Jehová. No obstante, otras quince agrupaciones que sostienen actividades religiosas están legítimamente inscritas en Georgia. En respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo, el ministro de Justicia de la república, Mikheil Saakashvili, dijo en una entrevista televisiva: “Desde el punto de vista jurídico, la decisión es muy discutible. No creo que sea la página más brillante de la historia del Tribunal Supremo”. Zurab Adeishvili, el presidente en funciones de la Comisión Legislativa del Parlamento de Georgia, manifestó a la agencia de noticias Keston que estaba “muy preocupado” por el fallo, pues “anima a los sectores radicales de nuestra Iglesia [Ortodoxa Georgiana] a suprimir las confesiones religiosas minoritarias”. Por desgracia, los temores de Adeishvili estaban justificados. A los pocos días se reanudaron los actos violentos contra los testigos de Jehová. Durante el año 2001, los Testigos fueron blanco de las turbas, la policía y los sacerdotes ortodoxos los días: 27 de febrero; 5, 6 y 27 de marzo; 1, 7, 29 y 30 de abril; 7 y 20 de mayo; 8 y 17 de junio; 11 de julio; 12 de agosto, y 28 y 30 de septiembre. Y la lista continúa. En medio de esta nueva ola de persecución, el Tribunal Supremo tomó la insólita medida de explicar su resolución en público con las palabras: “Desdichadamente, la ciudadanía ha malinterpretado la anulación por parte del Tribunal Supremo de la inscripción de la Asociación de los Testigos de Jehová [...]. Cuando el registro oficial de los demandados, como entidad legal de derecho privado, fue anulado, no se vulneró ni restringió, ni directa ni indirectamente, su derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. No se coartó su libertad de cambiar de religión, sea individual o colectivamente, en público o en privado. [...] La decisión del Tribunal no ha limitado el derecho de los demandados de recibir y comunicar ideas e informaciones. No anuló su derecho a la libertad de reunión pacífica”.
Miles de georgianos denuncian la persecución
Pese a que, al parecer, la declaración del Tribunal Supremo ha hecho poca mella en las muchedumbres violentas, es reconfortante apreciar que miles de georgianos ya han condenado la persecución en curso. Desde el 8 de enero de 2001, los testigos de Jehová han hecho circular una petición en la que solicitan amparo contra los ataques de las turbas y el enjuiciamiento de los autores de las violentas agresiones a ciudadanos de Georgia. En el plazo de dos semanas firmaron el escrito 133.375 adultos de todas las regiones del país. Teniendo en cuenta que hay solo 15.000 testigos de Jehová en Georgia, la abrumadora mayoría de los firmantes pertenecen, seguramente, a la Iglesia Ortodoxa Georgiana. Pero el 22 de enero de 2001, la petición desapareció. ¿Qué ocurrió? Aquel día, en la oficina de la Defensora del Pueblo de Georgia, Nana Devdariani, se celebró una conferencia de prensa para hacer pública la petición. En pleno acto irrumpieron en la sala Vasili Mkalavishvili y diez individuos más con la idea de llevarse los catorce volúmenes de que constaba la petición. Una representante del Instituto Caucasiano para la Paz y la Democracia trató de protegerla, pero los intrusos la agredieron. Mientras Mkalavishvili lanzaba improperios, sus secuaces arrancaron a los organizadores doce de los catorce volúmenes y se dieron a la fuga. Un diplomático extranjero, testigo del incidente, exclamó: “¡Esto es increíble!”. Afortunadamente, el 6 de febrero, los Testigos recuperaron la petición, y el 13 de febrero de 2001 la elevaron al presidente de la República.
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“Todos los casos de acoso [...] acabarán en los tribunales”
Los testigos de Jehová de Georgia y de todo el mundo confían en que el primer mandatario de este país actuará en consonancia con la petición presentada. Después de todo, el presidente Shevardnadze ha condenado ya repetidas veces la persecución de los testigos de Jehová. Por ejemplo, el 18 de octubre de 1999 calificó de “pogromos” y de “intolerables” los ataques contra los Testigos. El 20 de octubre de 2000 escribió lo siguiente a un miembro del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová: “Haremos todo lo posible por erradicar la violencia”. Y añadió: “Permítame asegurarle que el gobierno de Georgia permanecerá incondicionalmente comprometido a salvaguardar los derechos humanos y la libertad de conciencia”. De nuevo, el 2 de noviembre de 2000, en una carta a la Comisión para la Seguridad y la Cooperación en Europa, el presidente Shevardnadze declaró: “Este asunto [la situación de las religiones minoritarias de Georgia] ha sido asimismo el centro de hondas preocupaciones por parte de nuestro pueblo y del gobierno”. Y aseguró: “Todos los casos de acoso y de violencia física acabarán en los tribunales, y los culpables tendrán que rendir cuentas ante la justicia”. Los alarmados observadores de Europa y el resto del mundo abrigan la esperanza de que las firmes declaraciones del presidente Shevardnadze se hagan pronto realidad. Mientras tanto, los testigos de Jehová de todo el mundo persisten en orar por sus compañeros de Georgia, al tiempo que estos valerosos Testigos continúan sirviendo a Jehová a pesar de la cruel persecución (Salmo 109:3, 4; Proverbios 15:29). * Si desea más información sobre este país, vea el artículo “Georgia: se conserva un antiguo legado”, publicado en ¡Despertad! del 22 de enero de 1998. # En el año 2001, el Departamento de Aduanas dejó de confiscar las publicaciones de los testigos de Jehová % Vasili Mkalavishvili fue expulsado de la Iglesia Ortodoxa Georgiana a mediados de la década de 1990 tras criticarla con dureza por pasar a formar parte del Consejo Mundial de Iglesias. (Desde entonces, esta confesión se ha retirado del Consejo.) Entre tanto, Mkalavishvili se ha unido a los Viejos Calendaristas de Grecia, dirigidos por el metropolita Cyprianos. ^ Georgia es uno de los 123 estados que han suscrito la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. En tal calidad, se ha comprometido a “prohibir la tortura”. |
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| Publicado en ¡Despertad! del 22 de enero de 2002 |
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